que desafía nuestras certezas,
es cierto, Galileo tenía razón:
Dios es matemático…
Pensamientos, descubrimientos, ideas, aforismos, libros, fotografías, dibujos, pinturas, videos...
El término griego Epifanía tenía el significado de entrada poderosa, por méritos propios, en la fama de las gentes, y se refería a la llegada del rey a una ciudad. También servía para indicar la aparición de una divinidad o una intervención prodigiosa de ella. Esta fiesta nación en las iglesias de Oriente en la segunda mitad del s. IV, al mismo tiempo que la Navidad en Occidente, y tenía como objeto celebrar el nacimiento y el bautismo de Cristo. Posteriormente las dos fiestas se celebraron en todas partes, y la Epifanía quedó en Oriente como memoria del Bautismo mientras que en Occidente se propusieron celebrar sobre todo la venida de los Magos, presentados como primicia de los gentiles, manifestándose Jesús como primicia de todos los pueblos. Se revela así el misterio escondido en Dios: "Que también los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la Promesa en Jesucristo, por el Evangelio". Es, pues, una solemnidad que desborda el tema concreto de los Magos de Oriente, cuya venida se recuerda en la lectura evangélica y cuyo significado es profetizado en la primera lectura y el salmo responsorial. La Epifanía del Señor en la liturgia romana tiene tres momentos: la adoración de los Magos, el Bautismo en el Jordán y las Bodas de Caná (domingo siguiente al Bautismo del Señor, ciclo C).Fuente: Catholic.net
La fiesta de la Epifanía es de origen Oriental y surgió en forma similar a la Navidad de Occidente./Los paganos celebraban en Oriente, sobre todo en Egipto, la fiesta del solsticio invernal el 25 de diciembre y el 6 de enero el aumento de la luz. En este aumento de la luz los cristianos vieron un símbolo evangélico. Después de 13 días del 25 de diciembre, cuando el aumento de la luz era evidente, celebraban el nacimiento de Jesús, para presentarlo con mayor luz que el dios Sol. La palabra epifanía es de origen griego y quiere decir manifestación, revelación o aparición. Cuando la fiesta oriental llegó a Occidente, por celebrarse ya la fiesta de Navidad, se le dio un significado diferente del original: se solemnizó la revelación de Jesús al mundo pagano, significada en la adoración de los "magos de oriente" que menciona el Evangelio.Fuente: Rosario.org
OVIEDO, sábado, 2 de octubre de 2010 (ZENIT.org).- Publicamos el mensaje que ha escrito al comenzar octubre, mes del rosario, monseñor Jesús Sanz Montes, ofm, arzobispo de Oviedo, administrador apostólico de Huesca y de Jaca.
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Eso de contar lo llevamos todos dentro. Contar aquello que cuenta, contar las cosas o incluso las personas con las que podemos contar. No es un trabalenguas esto, sino que tiene su aquel, porque en torno a las cuentas cada uno de nosotros se sitúa y se retrata en la vida, dependiendo de aquello que asumimos, aquello por lo que a diario optamos, aquello que representa el latido de nuestra paz y esperanza o de nuestro miedo e insidia. ¿Contamos el bien que nos hace y nos une o contamos el mal que nos enfrenta y destruye?
Hay contadurías que calculan los modos y las maneras para el mal. Y ahí están las cuentas de los terroristas que calculan sus violencias, o los corruptos que calculan sus insolidarias fechorías, o los poderosos que calculan su permanencia en la prepotencia, o los frívolos que calculan lo superficial de sus tonterías. Cuántas industrias del mal calculan los réditos del poder, del tener o del placer en sus mercaderías. Las poltronas del abuso con todos sus nombres, los negocios que pasan por la droga, el tráfico de armas, la pornografía, y últimamente el negocio del aborto en donde se cobran a precio de la vida de los más inocentes el futuro truncado de quienes decidieron que no nacerían. Hay un largo etcétera en estas cuentas del mal, que tienen contables a sueldo para diseñar cuidadosamente la estrategia que les permita seguir en lo que están, caiga quien caiga, muera quien muera, pase lo que pase.
Al comenzar este mes de octubre, me ha venido este pensamiento de las cuentas, por la cuenta que nos tiene, al desgranar ese objeto piadoso que llamamos rosario que también tiene sus cuentas que contar. Podrá parecer que me he ido lejos en la reflexión, y que el aterrizaje en el santo rosario se hace forzoso cuando me he ido a esas alturas o bajuras que acabo de nombrar. Y sin embargo creo que ante tamaña provocación de las cuentas del mal, los cristianos debemos tener claras las cuentas del bien que nos llama. El rosario es una oración a María, muy querida en la tradición cristiana, que en este mes de octubre tiene una particular referencia por ser el mes dedicado a esta devoción. Lejos de ser una oración cansina, repetitiva, aburrida de tanto contar lo mismo en esas cincuenta cuentas que lo componen, se trata de una oración que tiene que ver con la historia que diariamente todos vivimos.
Sabemos que el rosario es una escuela de oración que nos permite mirar a esa primera y ejemplar cristiana que fue Santa María. Ella, tenga el traje del Pilar o el traje de la Santina, significa en nuestro camino humano y creyente una manera muy concreta de ver y vivir las cosas. Porque a través de las cuentas del rosario, vamos desgranando los momentos del cada día que tienen todas esas cosas: gozos, dolores, luces y glorias. Todo un abanico de matices que ponen nombre a nuestras alegrías, a nuestros llantos, a nuestras claridades y a la esperanza última que nos convida.
Si hay gente que lleva cuentas del mal y vive de éstas, los cristianos queremos mirar a María en su historia para llevar en la nuestra las cuentas del bien. Ya tengamos las sonrisas que nos alegran, o nos broten las lágrimas que nos acorralan, o se enciendanlas luces que en las cañadas oscuras nos iluminan, o nos asomemos con esperanza cierta a la gloria que nos ha sido prometida, nuestro camino concreto y real pasa por esa calle cotidiana que llamamos vida. Ahí están los misterios gozosos, los dolorosos, los luminosos y los gloriosos. En el rosario de la vida, llevemos bien llevadas las cuentas del bien.
No tenemos una representación moral del mundo precortesiano, sino sólo una visión fragmentaria, sin más valor que el que inspiran la curiosidad, la arqueología: un pasado absoluto. Nadie se encuentra ya dispuesto a sacrificar corazones humeantes en el ara de divinidades feroces, untándose los cabellos de sangre y danzando al son de leños huecos. Y mientras estas prácticas no sean aceptas –ni la interpretación de la vida que ellas suponen- no debemos engañarnos más ni perturbar a la gente con charlatanerías perniciosas: el espíritu mexicano está en el color que el agua latina, tal como ella llegó hasta nosotros, adquirió aquí, en nuestra casa, al correr durante tres siglos lamiendo las arcillas rojas de nuestro suelo.
Sepulcros blanqueados, por Soledad Loaeza (Publicado hoy en La Jornada).Un juez federal condenó al Comité Nacional Provida a pagar al gobierno de la República 22 millones de pesos de un total de 34 que recibió el sexenio pasado para apoyar sus actividades deprotección de la vida, y deayuda a la mujer. Se comprobó que esta asociación –que es una organización de laicos que depende de la autoridad de la Iglesia católica– desvió esos dineros en beneficio personal de sus miembros, pues para comprobar sus gastos Provida entregó facturas apócrifas que emitieron empresas ficticias. Así concluyó una investigación que se inició en abril de 2005, cuando la Secretaría de la Función Pública determinó que funcionarios de la Administración del Patrimonio de la Beneficencia Pública (APBP), órgano desconcentrado de la Secretaría de Salud, no habían cumplido con su obligación de supervisar los gastos de Provida.Según la SFP, en lugar de gastar los recursos que le fueron destinados, gracias en buena medida a las presiones del entonces diputado Luis Pazos, en los fines que justifican su existencia, el Comité Nacional Provida los dilapidó en la compra de plumas Cartier, tangas y ropa para caballero. Además de la multa que se les ha impuesto podría sugerirse un cambio de nombre. ¿Qué les parece: Comité Nacional Probuenavida? La denuncia de la corrupción de Provida se añade a los problemas recientes que ha tenido que enfrentar la Iglesia, provocados por los abusos cometidos por sacerdotes en contra de niños que estaban bajo su cuidado. Por esa razón resulta increíble que algunos obispos mexicanos hayan elegido estos momentos tan graves para la Iglesia católica en todo el mundo, para lanzarse contra disposiciones legales –el matrimonio entre personas del mismo sexo y el derecho de estas parejas a adoptar niños– que, según ellos, son un ataque directo a la familia y a la inocencia infantil. ¿Y no fue eso lo que hizo Marcial Maciel?
La metáfora de los sepulcros blanqueados a que hace referencia el título de este artículo fue la expresión que utilizó Jesús –según el Evangelio según san Mateo– para señalar a los fariseos, cuya apariencia suntuosa ocultaba podredumbre. Sepulcro blanqueado es sinónimo de corrupción y de hipocresía, y hoy parece perfectamente aplicable a autoridades católicas que solapan comportamientos ilícitos, como el desvío de recursos públicos, fraudes millonarios de algún connotado miembro del clero o, peor aún, la pederastia. Ahora que conocemos la historia de Marcial Maciel nada parece más hipócrita que el escándalo que hacen los obispos mexicanos, que bien conocían sus tropelías, para presentarse como defensores morales de la sociedad.
La erosión de la autoridad moral de la Iglesia católica ha sido una de las consecuencias más graves de los escándalos que ha provocado el conocimiento de las duplicidades y de los vicios de Maciel. De suerte que cuando cardenales y portavoces del Episcopado se lanzan contra la Suprema Corte de Justicia para descalificar sus decisiones, es inevitable preguntarle: ¿y tú con qué autoridad hablas, si uno de tus grandes santones fue un corruptor de menores, drogadicto, comerciante de favores celestiales y defraudador profesional?
Las vulgares y agresivas expresiones del cardenal Juan Sandoval Íñiguez contra los ministros, los homosexuales y el jefe de Gobierno de la capital también ponen en evidencia que los seminarios en los que se forman las sacerdotes no escapan a la catástrofe educativa del país. Contrariamente a lo que ocurría en el pasado, los sacerdotes mexicanos hoy no son hombres ilustrados ni doctos, sino que se comportan exactamente igual que el lamentable líder universitario que fue El Mosh, de triste memoria. Las declaraciones del cardenal revelan tanta imprudencia como falta de vocabulario e incapacidad de argumentación. Acusar a los ministros de la Corte de que fueron maiceados traiciona principios de la Iglesia y mandamientos como el de
no levantarás falso testimonio, y en tanto no pruebe con evidencia material firme su dicho, aquel de que Marcelo Ebrard pagó a los ministros para que votaran a favor de la constitucionalidad de los matrimonios entre personas del mismo sexo, su acusación sólo será una calumnia. Además, con el antecedente de Maciel y de la enconada defensa que hizo de él en el pasado, ¿quién le va a creer a Sandoval?
"¿y tú con qué autoridad hablas, si uno de tus grandes santones fue un corruptor de menores, drogadicto, comerciante de favores celestiales y defraudador profesional?".Me pregunto si aquello de "santones" realmente es menos ofensivo que decir "maricones", cierto que el segundo es más vulgar que el primero, pero la intención de insultar o rebajar es la misma: ¿me pregunto qué otros grandes santones tenemos en el seno de nuestra casa, según usted, la ambigüedad y sequedad de su redacción hasta podría sugerir que es una referencia a los santos y beatos de nuestra fe? Por si fuera poco, tenemos -yo o Sandoval como el resto de la grey- que cargar con los pecados de Maciel o de Mel Gibson, y de tantos más que ni conocimos en vida, ni conoceremos. Como si no tuviéramos suficiente con nuestros propios pecados.
¿Cómo sería Santiago, el hijo de Zebedeo y Salomé, a quien los evangelistas siempre sitúan en lugar destacado en las listas de los Doce, y a quien Jesús mismo quiso a su lado, junto a Pedro y a su hermano Juan, en alguno de los momentos más significativos de su existencia terrena? Hubo de ser, sin duda, un hombre exaltado y ardoroso, propenso a la cólera, a quien imaginamos cogiéndose unos cabreos de órdago cuando, después de una dura jornada en el lago Tiberíades, volviese de vacío a Betsaida. Más de una vez lanzaría airado maldiciones a los peces remisos a caer en sus redes; más de una vez los amenazaría con arrojar sobre ellos el "fuego del cielo", que es lo que también quiso arrojar sobre los inhospitalarios samaritanos cuando, después de la Transfiguración, Jesús lo manda por delante, junto a su hermano Juan, para buscar dónde pasar la noche. Podemos imaginarnos a Santiago, exhausto y hambriento, echando pestes de los samaritanos, y a Jesús reprendiéndolo: "Menos lobos, hijo del trueno, menos lobos...". Porque así, "hijos del trueno", era como llamaba Jesús a Santiago y a Juan; en donde se demuestra que los Zebedeos eran hombres bragados y poco mansos. Alguna razón tenía, sin embargo, Santiago, para llevarse ese berrinche. ¿Cómo osaban esos zarrapastrosos samaritanos negarle pan y posada a un hombre que acababa de ver el cuerpo de Cristo traspasado de luz y rezumando gozo y belleza en el monte Tabor? Aquella Transfiguración no la había realizado el Señor ante las multitudes, ni siquiera ante los Doce, sino tan sólo en presencia de Pedro, de Juan y de él mismo. Seis días antes, Jesús había instituido en Cesarea el Primado de Pedro; seis días antes, Jesús había anunciado su Pasión y había dicho a los Apóstoles que, para salvarse, había que "negarse a sí mismo" y tomar la cruz. Y, puesto que tal revelación tuvo sin duda que conturbar a los pobres Apóstoles, Cristo toma a tres de ellos y, para hacerles más llevadero y tragable el escándalo de la Pasión, les permite vislumbrar la gloria divina, como un "relámpago" premonitorio de la Resurrección. Santiago había visto a su Maestro en coloquio con Elías y con Moisés; y, aunque no había entendido muy bien de lo que hablaban, Jesús le había ordenado que no lo contase a nadie hasta que "el Hijo del hombre resucite de ente los muertos". Santiago, pues, sabe que Jesús va a resucitar; sabe que le ha sido concedido el don de vislumbrar esa gloria que se avecina... pero no ha entendido el sentido del milagro que acaba de presenciar, no ha entendido que sin cruz no hay Resurrección. Podemos imaginarlo confabulando con su hermano: "Jesús nos ha confiado que va a resucitar de entre los muertos. Y Jesús ha querido que tú y yo veamos anticipadamente su gloria. Ergo tenemos derecho a que se nos guarde un lugar preferente en su gloria, uno a la derecha y otro a la izquierda de su trono". Y allá que se van, los hijos del trueno, en comisión petitoria, a reclamar ese derecho.
El Evangelio de Mateo -a diferencia del de Marcos-introduce en este episodio una precisión muy sabrosa y psicológicamente plausible. ¡Resulta que los bravucones Zebedeos, los hermanos tonantes, echan mano de su madre Salomé para que les haga de intermediaria ante Jesús! Y es la madre la que solicita a Jesús que sus dos hijos tengan un lugar de privilegio en el Reino: uno a su derecha y otro a su izquierda, como validos o chambelanes en una corte palaciega. Aquí no podemos por menos que imaginarnos a Jesús soltando una carcajada. "¡Vaya con los hermanos vociferantes y airados! -pensaría--. Son unos tíos con toda la barba, pero se escudan en su mamá para que sus ambiciones resulten menos descaradas, para que su apetito de honores quede atemperado, mitigado, hermoseado por la solicitud materna". Santiago y Juan actúan como los postulantes maquinadores en busca de enchufe, que en lugar de presentar su candidatura a pecho descubierto recurren a intermediarios; y ya se sabe que no hay mejor intermediario que la madre propia, que es quien mejor y con mayor sentimiento resalta las prendas del postulante, ablandando el corazón del que tiene potestad para adjudicar cargos o repartir mercedes. Pero a los bravucones Zebedeos no les valió en esta ocasión la triquiñuela: "El que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros, será esclavo de todos, que tampoco el Hijo del hombre ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos". Y por si aún no les hubiese quedado claro en que consistía eso de ser "esclavo de todos", Jesús vuelve a elegir a los "hijos del trueno", junto a Pedro, para que presencien su oración agónica en el huerto de Getsemaní. Jesús se hace obediente hasta la muerte; y, viéndolo humillado y sufriente, al fin Santiago podrá entender que la gloria que él pudo vislumbrar en el monte Tabor no se alcanza encaramado en un trono, sino colgado de un madero. Santiago ya está preparado para entender aquel largo sermón con que Jesús se había despedido de sus discípulos: "El siervo no es más que su maestro. Si a mí me han perseguido, también os perseguirán a vosotros". Y también está preparado para entender las dos formas más pavorosas de persecución: primero la persecución desde dentro ("os expulsarán de las sinagogas"); y después desde fuera ("E incluso llegará la hora en que os matarán y pensarán que con eso hacen un servicio a Dios"). Lo que Jesús predijo se cumplió; todos los Apóstoles fueron expulsados de la sinagoga y después murieron mártires, con la única excepción de Juan, el hermano de Santiago, que murió longevo y en la cama, aunque desde luego también fue mártir, porque lo echaron a una caldera hirviendo en tiempos de Domiciano, de la que salió milagrosamente ileso, y luego fue condenado a las minas de Patmos, que eran un suplicio peor que la muerte. Santiago, el otro hijo del trueno, fue decapitado por orden de Herodes Agripa, allá por el año 40, en Jerusalén, donde empezó a predicar el Evangelio inmediatamente después de la ascensión de Cristo. El hijo del trueno no maldijo entonces a sus ejecutores, ni los amenazó con el "fuego del cielo", ni reclamó en el trance de la muerte un lugar preferente al lado del trono: y es que había entendido que para gozar de aquella gloria que Jesús le permitió vislumbrar en la cima del monte Tabor había que "dar la vida como rescate por muchos".
A España no sabemos a ciencia cierta si vino Santiago. Pero la Tradición así nos lo enseña desde tiempos inmemoriales; y la Tradición dice verdad, pues nunca hubo pueblo tan impetuoso y a la vez sufrido como el español. Y ese ímpetu que, corregido en la escuela del sufrimiento, no se disipa en bravuconería y aspaviento vano, sino que sabe hacerse paciente en la adversidad sólo lo pudimos aprender los españoles de aquel hijo del trueno que contempló anticipadamente la gloria de Cristo y que, al fin, aprendió que para alcanzar la gloria hay primero que apurar el cáliz del dolor.
Fuente: Zenit
Ya se imaginarán cuántas preguntas tuve que responder...